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España, lunes, 17 de diciembre, 2018   Webmail  Identidad
OSO PARDO

   OSO PARDO   (Ursus arctos)

                El oso posee una cabeza, tronco y patas muy robustas, siendo la cola muy rudimentaria. Poseen una giba de tejido adiposo en la cruz. Los ojos y las orejas también resultan de pequeño tamaño en relación con el resto del cuerpo. En manos y pies presenta unas garras bien desarrolladas, no retráctiles, que les permite trepar por árboles y pendientes muy pronunciadas.

                La coloración del pelo varía del pardo claro al marrón oscuro. Los jóvenes de primer año conservan un collar claro que normalmente desaparece con la muda (en junio y julio)    La longitud media es de 185 cm y el peso varía de los 60 a los 250 kg (aunque es raro que superen los 180 kg), siendo los machos mayores que las hembras.

                En un principio el oso habitaba casi la totalidad de la superficie de la Península Ibérica. Sin embargo, hoy día sólo quedan dos poblaciones de oso: una, localizada entre León y Asturias, de mayor tamaño; la segunda ocupa la zona de la Montaña Palentina. Hoy día se sabe que existen intercambios esporádicos de individuos entre ambas poblaciones.

                El oso es de hábitos crepusculares y nocturnos, aunque en primavera y verano se vuelve más activo durante el día.               

                Se trata de un animal nómada, que en ocasiones puede recorrer hasta 40 km en una noche para buscar unas condiciones ambientales más favorables, aunque la mayor parte de su actividad la desarrolla en áreas de 15 a 30 .

                Al llegar el invierno se puede retirar a la osera (una pequeña cueva o una madriguera excavada por él). En el interior de la osera prepara una cama con restos vegetales. En ella queda en letargo: se ralentiza su respiración y sus pulsaciones, y disminuye ligeramente su temperatura corporal. Sobrevive entonces de la grasa almacenada en su cuerpo anteriormente (hasta 40 kg). Si la temperatura ambiental aumenta, puede despertar y salir temporalmente de la osera. Hacia abril se vuelve más activo, alimentándose ávidamente para recuperar las reservas.

                Ante el hombre el oso pardo es tímido y esquivo, evitando el contacto gracias a su agudo olfato. Nunca lo ataca a no ser que se sienta amenazado o acorralado, adoptando entonces su postura bípeda.

                En cuanto a la alimentación, es omnívora y variable a lo largo del año: en primavera se alimenta principalmente de bulbos, raíces, hierbas y brotes nuevos. En verano sube a pastizales de montaña, de los que se alimenta, junto con carroña que puedan encontrar. En otoño busca los frutos, sintiendo predilección por los arándanos. Disfruta comiendo también hormigas y la miel. También pueden aprovechar a comer roedores, anfibios, peces, caracoles…

                El celo de las hembras comienza en junio, julio. Los machos pelean por la hembra, a veces muy ferozmente. El cortejo dura de 2 a 15 días. La cópula induce la ovulación. Después la pareja se disuelve. El óvulo fecundado se implanta en octubre o noviembre, cuando la hembra se retira a la osera. En enero o febrero nacen 1 a 3 oseznos de tan sólo 350 gramos. Crecen rápidamente y en dos meses alcanzan los 3 kg. Los oseznos son amamantados durante unos 4 meses. Su primer alimento sólido son hierbas y larvas de insectos. Dedican gran parte del día a los juegos. A los 18 meses de vida se independizan, aunque continuarán cerca de la madre hasta los 3 años y medio a 5, cuando alcancen la madurez sexual.

                Su longevidad suele ser de 10 a 15 años; raramente alcanza los 25 años.

                Las huellas del oso son inconfundibles, con las 5 almohadillas digitales y su gran tamaño. Otros rastros de la presencia de los osos son las deposiciones. Éstas son cilíndricas, con un diámetro de unos 6 cm. En los prados de montaña deja huecos en el césped levantados con sus garras en busca de bulbos y tubérculos. Destroza colmenas y hormigueros en busca de alimento. También son característicos los rastros en troncos: arañazos y restos de pelos sedosos que deja al restregarse contra ellos.


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